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sábado, 27 de junio de 2009

De la mano de San Pablo

Don José Ignacio Munilla, Obispo de Palencia y Hermano Mayor Honorario de nuestra Cofradía, nos envía este artículo sobre la clausura del Año Paulino. Un buen momento para dar gracias a Dios por los dones recibidos a lo largo de estos meses y para pedirle que nos transmita su fuerza para anunciar a Cristo en medio de nuestras gentes, como lo hizo San Pablo.

De la mano de San Pablo
Coincidiendo con la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, hace un año se inauguraba el Jubileo del Año Paulino, convocado por Benedicto XVI con motivo del dos mil aniversario del nacimiento del “Apóstol de los gentiles”. Llegado el momento de su clausura, damos gracias a Dios porque, pasados estos doce meses, nos hemos familiarizado más con la vida y el legado espiritual de San Pablo, cuyas Cartas escuchamos con tanta asiduidad en las Eucaristías dominicales.

A lo largo de este año, se ha realizado un notable esfuerzo a distintos niveles, para dar a conocer su figura y su doctrina: homilías dominicales, publicación de biografías, conferencias divulgativas, congresos académicos, cursillos formativos sobre sus diversas Cartas, peregrinaciones tras las huellas de San Pablo por la llamada Ruta Paulina, películas, etc. De una forma especial, cabe destacar las veinte catequesis impartidas por el Papa, en los habituales encuentros que mantiene los miércoles con los peregrinos que acuden a Roma. La editorial de la Conferencia Episcopal Española (Edice), ha publicado estas bellísimas y profundas catequesis en un libro titulado Aprender de San Pablo, que bien pudiera servirnos para dejar grabado en nosotros el legado de este Año Paulino que ahora finaliza. Mención aparte merece la incorporación de las iglesias ortodoxas a este Jubileo convocado por el Papa, tal y como anunció el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I.

Sólo los enamorados enamoran
La fuerza de San Pablo nace de su profunda experiencia interior: "Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20). Fundado en la conciencia de saberse amado incondicionalmente por Cristo, Pablo vive con radicalidad los consejos evangélicos: “Por mi parte, muy gustosamente me daré y me desgastaré totalmente por vosotros” (2 Co 12, 15). La consecuencia lógica de todo esto es que la figura de Pablo “arrastró” en su tiempo –y lo sigue haciendo en el presente- a muchísimas personas, al seguimiento de Cristo: “Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo” (1 Co 11, 1).

He aquí una de las intuiciones que más ha sido subrayada en este Año Paulino que llega a su fin: La Nueva Evangelización sólo podrá ser acometida con éxito por quienes estén “enamorados de Cristo”. Las características del momento en que vivimos acentúan más, si cabe, esta convicción. La secularización interna de la Iglesia se caracteriza por un estilo de vida relajada, “alérgico” a cualquier sacrificio y renuncia, que se expresa con un discurso plano, en el que sólo se desarrollan los puntos de consenso con la cultura dominante. La experiencia nos demuestra que por este camino, todos los proyectos pastorales están condenados a la esterilidad.

San Pablo no buscó gratuitamente conflictos, pero tampoco los rehuyó cuando se presentaron. Nunca cedió a la tentación de procurar una falsa armonía con su entorno, sino que “combatió” decididamente con la espada de la palabra. En su ministerio apostólico no faltaron incomprensiones y disputas, tal y como él mismo reconoce: "Tuvimos la valentía de predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas... Como sabéis, nunca nos presentamos con palabras aduladoras" (1 Ts 2, 2. 5).

Sin embargo, no podemos olvidar que la clave del ministerio de San Pablo no está en su espíritu combativo; sino que, más bien hemos de decir que, la clave del espíritu combativo de Pablo se explica por su “encuentro” con el Resucitado: “Todo lo juzgo como pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús. Por Él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo” (Flp 3, 8). Lo que motiva a San Pablo es el hecho de ser amado por Cristo, de donde se deriva un celo apostólico inagotable. El espíritu de lucha que muestra el Apóstol de los gentiles en sus Cartas, así como su capacidad de sufrimiento, es proporcional a su amor por Cristo.

La sabiduría de la cruz, cumbre del amor
La vida de San Pablo es un ejemplo práctico del mensaje evangélico que nos introduce en la sabiduría de la cruz: “Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para nosotros (…), fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1 Co 11, 23). Aunque pueda parecer paradójico, la cruz es “sabiduría” para los judíos, porque revela el auténtico rostro de Dios, que el Antiguo Testamento sólo había podido mostrar parcialmente. Al mismo tiempo, la cruz es “sabiduría” frente a la filosofía griega, demasiado segura de sí misma y de su lógica.

Gracias a Jesucristo, la cruz se ha convertido en la llave humilde que nos abre al misterio de la gracia divina. Así lo ha experimentado San Pablo a lo largo de toda su vida: “«Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo (…) porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co 12, 10).

Este es el regalo que nos da San Pablo como conclusión de su Año Jubilar: la sabiduría de la cruz, reveladora del amor. La cruz es el camino que certifica y autentifica el amor… ¡No te tengamos miedo a la cruz, porque sería tanto como tenerle miedo al amor! Es imposible acercarse a la figura de San Pablo sin recibir una invitación a la conversión. ¡Glorifiquemos a Dios por la vida de Saulo de Tarso, testigo del amor apasionado de Dios por cada uno de nosotros y de la respuesta ardiente de quienes se dejan alcanzar por la llamada divina!

jueves, 11 de junio de 2009

"Toda rodilla se doble..." (Flp. 2, 10)

La celebración del Corpus Christi se nos ofrece como la antesala para el inicio de la Adoración Perpetua en nuestra Diócesis. El próximo viernes 19, solemnidad del Corazón de Jesús, celebraremos la Santa Misa en nuestra Catedral, a las 20.00, en la que además de dar inicio al Año Jubilar Sacerdotal y de renovar la Consagración de Palencia al Corazón de Jesús, concluiremos llevando en procesión al Santísimo Sacramento hasta la iglesia de las Clarisas, dando así inicio a la Adoración Perpetua. Sirvan estas líneas de hoy como ayuda para crecer en la comprensión de nuestra devoción eucarística.

Arrodillarse ante Cristo, remedio de toda idolatría
En la homilía que Benedicto XVI pronunciaba en el Corpus del año pasado, realizaba una hermosa catequesis sobre el significado de esta postura corporal en la oración y en la liturgia: “Arrodillarse en adoración ante el Señor (…) es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy. Arrodillarse ante la Eucaristía es una profesión de libertad: quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por más fuerte que sea. Nosotros los cristianos, sólo nos arrodillamos ante el Santísimo Sacramento”.
En su obra “El espíritu de la liturgia”, el entonces Cardenal Ratzinger daba respuesta a la objeción que juzga que la cultura moderna es refractaria al gesto de “arrodillarse”. Con clarividencia y profunda convicción afirmaba que “quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o una liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estaría enferma en un punto central”.
El hecho de que en nuestros días se esté extendiendo la costumbre de permanecer de pie en el momento de la consagración en la Santa Misa, o de que se suprima alegremente la genuflexión al pasar ante el sagrario, no parece que sea algo casual o insignificante. La “herejía” más extendida en nuestro tiempo –la secularización- no se caracteriza tanto por negar verdades concretas del Credo, cuanto por debilitar la firmeza de nuestra adhesión a la fe. Da la impresión de que lo políticamente correcto fuese creer a “cierta distancia”, sin entregar plenamente nuestro corazón. En el fondo, estamos ante el olvido de aquellas palabras de Jesús: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero” (Mt 22, 37-38).
No podemos olvidar que la adoración es el mejor antídoto frente al relativismo y que, por lo demás, es indudable que la genuflexión está estrechamente ligada al acto de adoración: Es el reconocimiento que la creatura hace del Creador, es la manifestación humilde de nuestra sumisión ante un Dios todopoderoso que, paradójicamente, también “se ha arrodillado” ante nosotros en la encarnación, en su muerte redentora, y en su decisión de permanecer entre nosotros en la Sagrada Eucaristía.
Mención aparte merecen tantas personas que bien quisieran poder expresar de rodillas su adoración a Cristo, y que por limitaciones físicas se han de contentar con hacerlo con una inclinación u otros gestos de fervor y cariño. ¡Cuántas lecciones nos dan con su valiente perseverancia, sin rendirse a sus “achaques”!

Comulgar “a Cristo” y comulgar “con Cristo”
“El segundo mandamiento es semejante a éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas” (Mt 22, 39-40). En efecto, el acto de adoración a Dios es consecuentemente seguido del ejercicio de la caridad con todos los necesitados. Éste es el motivo por el que la Iglesia ha unido los dos días “más eucarísticos” del año (Jueves Santo y Corpus Christi), a nuestro compromiso con los pobres, ejercido especialmente a través de Cáritas.
El acto de comulgar no termina con la recepción del sacramento. Recurro de nuevo a otras palabras del Cardenal Ratzinger recogidas en el citado libro: “Comer a Cristo es un proceso espiritual que abarca toda la realidad humana. Comerlo significa adorarle. Comerlo significa dejar que entre en mí, de modo que mi yo sea transformado y se abra al gran «nosotros», de manera que lleguemos a ser uno solo con Él”.
Por lo tanto, comulgar “a Cristo” supone también comulgar “con Cristo”, es decir, comulgar con todo lo que Él ama, con sus preocupaciones, alegrías, esperanzas y sufrimientos… de una forma especial, con sus predilectos, los pobres. Ciertamente, estamos ante dos señales determinantes para evaluar la calidad de nuestra participación en la Sagrada Eucaristía: la actitud de adoración y –fruto de ésta- nuestro compromiso con los necesitados.

viernes, 5 de junio de 2009

Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús

El 21 de junio de 2009 tendrá lugar en el Cerro de los Ángeles de Madrid la renovación de la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús de toda España. Hace 90 años se realizó esta, por medio del rey Alfonso XIII. También en nuestra Diócesis de Palencia se cumple el 110 Aniversario de la Consagración de Palencia al Corazón de Jesús. En su momento fue cosagrada por el entonces obispo Don Enrique Almaraz. Con motivo de estas efemérides, se han organziado diversos actos. De hecho, los baltanasiegos participarán activamente en los encuentros preparados en Toledo, el Cerro de los Ángeles (Getafe) y Palencia.

Don José Ignacio Munilla, obispo de Palencia y Hermano Mayor Honorario de nuestra Cofradía, explica en este vídeo qué significa una consagración, cómo el Corazón de Jesús tiene sentimientos humanos y nos anima a participar de este hecho histórico.


domingo, 24 de mayo de 2009

Internet: Ángel y demonio

Don José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia y Hermano Mayor Honorario de nuestra Cofradía, ha publicado el siguiente artículo con motivo de la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Sin duda alguna, una profunda reflexión sobre algo que tenemos a mano cada día y que siempre debe ser una herramienta de trabajo útil y provechosa al servicio del bien común, de los hermanos, de la sociedad,...

Internet: Ángel y demonio

En la solemnidad de la Ascensión del Señor celebramos en la Iglesia Católica la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. En su mensaje de este año, el Papa nos habla sobre las nuevas tecnologías de la comunicación y nos invita a reflexionar sobre las luces y sombras, ventajas e inconvenientes morales que tiene la utilización de estos medios. Nuestra intención en este artículo es centrarnos, de forma específica, en las posibilidades y riesgos de Internet.

¡Bendita red!
La expresión no es mía, sino del director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi. La pronunció el pasado mes de abril en la Universidad de Salamanca, tras ser investido Doctor Honoris Causa. El portavoz del Papa afirmaba que “Internet es una herramienta única para comunicarse”, y sorprendió con la expresión laudatoria: “¡la bendita red!”.
También Benedicto XVI elogia las potencialidades de las nuevas tecnologías, a las que califica como “don para la humanidad”, y a las cuales conecta con el anhelo del ser humano por establecer lazos de comunión. Señalemos brevemente algunas de las ventajas de Internet:
- Acceso a una información libre y plural, fuera del control y monopolio que ejercen las empresas de comunicación sobre otros medios de expresión.
- Abaratamiento de los costes de la comunicación, lo cual permite estrechar lazos entre amigos, familiares, misioneros, etc.
- Acceso inmediato a estudios e investigaciones, que ponen la cultura al alcance de todos.
- Desarrollo de sitios Web y redes sociales que aúnan esfuerzos en causas justas y altruistas, defendiendo los derechos humanos, el respeto a la vida, el bien de la naturaleza, etc.
- Agilidad en el aprendizaje, gracias a la naturaleza interactiva del medio.

¿Maldita red?
Sin embargo, seríamos muy ingenuos si solamente nos limitásemos a cantar las “loas” de Internet. El Papa no deja de señalar también en su mensaje los problemas morales que se derivan de su uso incorrecto:
- Adicción insana: Es un riesgo que hay que tener en cuenta (sin olvidar que algo semejante ocurre con la televisión). Cuando el uso de Internet se convierte en obsesivo, no sólo perdemos la necesaria libertad, sino que corremos el riesgo de padecer un grave aislamiento. El uso compulsivo de Internet llega a alterar los ritmos de descanso, el diálogo y la convivencia familiar, etc. Por todo ello, parece conveniente que en el hogar se establezca una disciplina en el tiempo y modo de su utilización.
- Acceso inmediato a contenidos negativos: Existe un serio problema por el hecho de que la pornografía, la violencia y tantos otros contenidos inmorales, estén al alcance de un simple “clic”. La ausencia de distancia entre el bien y el mal no contribuye en nada al dominio propio, sino que favorece que la voluntad quede avasallada por la curiosidad y los impulsos pasionales.
Se calcula que en Internet están colgadas 372 millones de páginas pornográficas, y que diariamente se realizan 68 millones de búsquedas de este género (el 25% del total). Parece un dato suficientemente contundente como para concluir en la conveniencia de proteger el ordenador de nuestro hogar con filtros especializados.
- Difusión de bulos, habladurías e indiscreciones: La inmediatez de Internet favorece la rápida difusión de difamaciones y noticias inexactas, agresiones a la intimidad, etc., mediante anonimatos y ocultamientos de identidad. Curiosamente, España es el país del mundo que más rumores difunde a través de la red. La indiscreción propia de nuestra cultura, que ha hecho del rumor un entretenimiento lúdico, es la causa de que el 70% de los bulos de Internet tengan su origen en España. No podemos dejar en el olvido aquellas palabras tan exigentes de Jesucristo: “Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio” (Mt 12, 36).

En realidad, hablando con propiedad, hemos de concluir diciendo que la red de Internet no es “bendita” ni “maldita”, sino que es el uso que hacemos del medio el que lo califica moralmente. Por lo tanto, más allá de los aspectos técnicos, la educación moral en el uso de Internet es imprescindible para que la red esté al servicio de la libertad humana, y no sea uno de los lugares en los que más se promueva nuestra esclavitud.

Con la confianza en el bien que las nuevas tecnologías pueden aportar al hombre, Benedicto XVI ha lanzado el siguiente reto a los jóvenes: "¡Brindad el testimonio de vuestra fe a través del mundo digital! Utilizad estas nuevas tecnologías haciendo conocer el Evangelio, para que la Buena Noticia del Amor infinito de Dios a todos los pueblos resuene de forma nueva en todo nuestro mundo cada vez más tecnológico".

martes, 31 de marzo de 2009

ABORTO Y SEMANA SANTA

El siguiente artículo nos lo ha enviado Don José Ignacio Munilla, Obispo de Palencia y Hermano Mayor Honorario de nuestra Cofradía. Nos habla de un tema clave: la defensa de la vida humana. Es una cuestión de plena actualidad y por ello profundiza en diversas claves relacionadas con el tiempo de Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
Aborto y Semana Santa
¿Qué tiene que ver el aborto con la Semana Santa? La respuesta a esta pregunta requiere la matización de un “depende”… Si por Semana Santa entendemos unas escenificaciones callejeras de interés turístico nacional, entonces, ciertamente, no tiene nada que ver. Pero, si la Semana Santa es la memoria viva de la Muerte y Resurrección de Jesucristo, entonces, no lo dudemos, es absolutamente imposible separarlos. El aborto está íntimamente unido a la Pasión de Cristo, de la misma manera que lo están la guerra, el hambre y tantas otras injusticias, consecuencia de nuestro pecado, por cuya redención Jesucristo entregó su vida en la Cruz.
A quienes han afirmado que no hay conexión entre el aborto y esta festividad religiosa, les aconsejaría la lectura de un libro que nos marcó a muchos en nuestra juventud, con un título bien significativo: Dios llora en la Tierra.

Aunque duela, la libertad “libera”
Jesús nos enseñó que “la verdad nos hace libres” (cfr. Jn 8,32); pero mientras llega ese momento, ¡escuece bastante! Lo hemos podido comprobar a propósito de la campaña de la Conferencia Episcopal Española en defensa de la vida.
El lince está dando mucho que hablar, y confiemos en que también nos ayude a “reconsiderar”. Lo cierto es que hay verdades incuestionables: un huevo de águila tiene más protección jurídica en España que un ser humano en el seno de su madre. No se trata de una afirmación agresiva desde la trinchera, como algunos pretenden vender, sino de una simple constatación de la realidad.
La comparación entre el animal y el ser humano no “devalúa al lince” -como afirma algún político, en el colmo del despropósito- sino que, en todo caso, enaltece la causa ecologista. Lo increíble es que tengamos que recurrir al lince para dignificar al ser humano. En el fondo, estamos ante una constatación de que cuando nuestra cultura da la espalda a Dios, el hombre es destronado de su condición de “rey de la creación”, hasta el punto de ser rebajado a la suerte del esclavo.

La mujer, santuario de la vida
Pienso sinceramente que la Iglesia está haciendo lo que Dios espera de ella en este momento clave de la historia: desgastar su prestigio y sus energías en la defensa de la vida de los más inocentes. La cultura de la muerte pretende distorsionar la realidad, contraponiendo la defensa de la vida del hijo, al supuesto derecho de la mujer a una “maternidad a la carta”. Pero lo cierto es que apostar por el hijo, es apostar por la madre. Al decir esto, no estoy pensando exclusivamente en las heridas traumáticas que se manifiestan en el “Síndrome Post-Aborto”… Los males derivados del aborto para la mujer son muchos y devastadores:
¿Cómo se puede hablar del aborto como de un derecho de la mujer a “decidir en libertad”, cuando sabemos de sobra que tras la mayoría de las interrupciones violentas del embarazo, se esconde la presión e incluso el chantaje del varón? ¿Cómo se puede reivindicar el aborto en el contexto de la promoción de la mujer, cuando en numerosos países se está produciendo un grave desequilibrio entre la población masculina y la femenina, por motivo del recurso al aborto para la selección del sexo? El caso de China es paradigmático: por cada 119 niños, nacen tan solo 100 niñas. Se calcula que en el año 2020 habrá en ese país 300 millones más de hombres que de mujeres.
La reivindicación del feminismo radical, que ha ligado la promoción de la mujer a la liberación de su maternidad, ha resultado ser su propia tumba. Por el contrario, una de las dimensiones que más dignifica a la mujer, es su condición de ser “santuario de la vida”.

El sacrificio del inocente
Si queremos vivir en verdad y en intensidad nuestra Semana Santa, no podemos dejar en el olvido la acción de gracias por el don de la vida; la llamada a la responsabilidad en su cuidado; ni tampoco la denuncia profética ante el sacrificio de los inocentes. También Jesucristo fue el “inocente” sobre el que descargamos las culpas los pecadores. El diálogo del buen ladrón con su compañero de suplicio, es bien significativo: «¿Ni siquiera temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido; en cambio, éste nada malo ha hecho» (Lc 23, 41).
Lo cierto es que, mientras discutimos, el aborto ha llegado a ser la primera causa de mortalidad en España. En toda nuestra dilatada historia, si excluimos la Peste Negra en la Edad Media, ninguna guerra, enfermedad o catástrofe, ha acabado con tantas vidas humanas. Lo que está en juego es algo tan básico, como nuestra capacidad de conmovernos por la suerte del inocente. ¡Es cuestión de humanidad, de solidaridad y de misericordia!

Don José Ignacio Munilla Aguirre, Obispo de Palencia y Hermano Mayor Honorario de la Cofradía.
Cuaresma-2009.